miércoles, 6 de febrero de 2013




En los últimos años, ha ido en aumento el número de niños y adolescentes diagnosticados de TDAH (Trastorno Déficit de Atención con/sin Hiperactividad). Cada vez son más frecuentes las consultas realizadas por padres desesperados, que  acuden a la terapia porque ya han llegado al límite de sus fuerzas. No sé si nos enfrentamos a un trastorno de moda o en realidad estos niños son la expresión última de una sociedad que ha perdido la conexión con los ritmos de la naturaleza, sobreestimulada por impactos visuales, tecnológicos y medios de comunicación; una sociedad que no respeta los tiempos de asimilación, maduración y aprendizaje. Creo que, al margen del TDAH, deberíamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿Son nuestros hijos el reflejo de una sociedad desbordada?.

Niños moviditos los ha habido siempre. De hecho, un niño sano se caracteriza por sentir curiosidad, por experimentar y explorar su entorno. No hace tanto tiempo, cuando nosotros éramos niños, salíamos de la escuela corriendo, llenos de vida, dejábamos nuestras mochilas en casa y salíamos a jugar prácticamente hasta la hora de la cena. Durante esas horas, saltábamos, jugábamos a fútbol, al escondite, corríamos, cantábamos, gritábamos, explorábamos nuevos territorios, descubríamos el mundo que nos rodeaba, aprendíamos el significado de la amistad y el compañerismo. Todo ello, poco a poco, iba moldeando nuestra conducta, que es la suma de variables individuales (temperamento-carácter-personalidad) y variables del entorno (familia-escuela-compañeros). Cada niño posee una personalidad diferente y única, ya que es el resultado de sus experiencias, aprendizajes, y su particular manera de reaccionar ante lo que le sucede.

Sin embargo, mientras los niños siguen viniendo a este mundo con las mismas ganas de experimentar y explorar, el entorno se ha modificado drásticamente, y no estoy segura de que haya sido para bien. Ahora, por un lado, se les empuja para que hablen cuanto antes, aprendan a caminar cuanto antes, lean cuanto antes y entren dentro de los parámetros de crecimiento cuanto antes. Pretendemos acelerar todos sus procesos bombardeándolos con multitud de estímulos.

Al mismo tiempo, queremos niños dóciles, atentos, quietos y sentaditos en sus sillas. En las ciudades, los niños apenas salen a jugar a la calle. No tienen la oportunidad de quemar el exceso de energía y pasan demasiado tiempo sentados, viendo la tele o jugando a la consola.

El resultado es que los niños se estresan, mostrándose irritados, inestables y descontrolados emocionalmente.

Todos estos desequilibrios asociados al TDAH,  pueden ser abordados ecológicamente desde la Terapia Floral del Dr. Bach. Las Flores de Bach tratan a la persona, no a la enfermedad o síntoma. La Terapia Floral no pretende, en ningún caso, sustituir ningún otro tratamiento, al contrario, es una Terapia complementaria al tratamiento psicológico, psicopedagógico, farmacológico, etc. 

Por desgracia, en la mayoría de los casos, el tratamiento a seguir se limita a la medicación con psicoestimulantes, que si bien pueden tener un efecto favorable sobre la conducta y la atención, no son suficientes, ya que sólo se ocupan de los síntomas y no de las causas.
La verdadera respuesta a este trastorno está en entender su origen multifactorial, es decir, que habrá que actuar en las distintas áreas de la vida del niño: individual, familiar, escolar y social. A nivel médico, la intervención deberá ser multidisciplinar (pediatras, psicólogos, psicopedagogos, psiquiatras, etc.)

Para la Terapia Floral, no existen enfermedades, sino personas que sufren. Por tanto, no existen flores para un trastorno denominado TDAH, porque el enfoque de esta terapia se basa en que es la personalidad del enfermo la que debe ser llevada al equilibrio, ya que cada persona reacciona de una forma distinta ante una misma enfermedad. El Terapeuta Floral se ocupa de averiguar cómo afecta al niño su problema, es decir, de las consecuencias del TDAH en la vida del niño, que casi siempre tienen que ver con un deterioro de la autoestima, problemas emocionales y fracaso escolar.

Lo que los padres manifiestan sobre su hijo en la consulta de Terapia Floral es que no para quieto, reclama atención constante, tiene poca o nula tolerancia a la frustración, es desordenado, compulsivo, agresivo, es conflictivo en el colegio, tiene problemas de concentración y aprendizaje, se rebela contra las normas y las reglas, pasa de todo, nada le motiva, etc...

Todas estas características y reacciones pueden ser traducidas a un lenguaje floral, es decir, que ante el exceso de actividad podemos contar con las flores Impatiens, Cherry Plum y Vervain. Para las reacciones desproporcionadas, los celos y la agresividad negativa, el resentimiento y la rabia, podemos considerar Holly y Willow. Para las dificultades de aprendizaje, la dispersión y la falta de atención haremos buen uso de Chestnut Bud, Clematis y Cerato. Para la baja tolerancia a la frustración y la negatividad son de gran utilidad Gentian y Willow. Para la baja autoestima, sentimientos de culpa e introversión contamos con Larch, Pine y Mimulus. Para la apatía, el aburrimiento, la falta de motivación y tristeza tenemos flores como Wild Rose, Hornbeam y Mustard.

Estos son solo algunos ejemplos, ya que cada niño necesita una valoración exhaustiva de su conducta y su entorno. En muchos de los casos tratados, lo que anida en el fondo de todas sus reacciones es rabia y mucho miedo. Debemos ver al niño desde su propia dimensión, involucrarnos en su desarrollo, fomentar sus habilidades innatas, averiguar qué trata de decirnos con su actitud y su conducta. Muchas veces ellos reflejan nuestras propias complejidades y conflictos, por eso todos deberíamos participar en su proceso de evolución. No olvidemos que ellos son nuestro mañana.

http://revistavital.blogspot.com/2012/02/floral-en-ninos-con-hiperactividad-yo.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario