viernes, 1 de febrero de 2013
No hay nada más relajante y sereno que el soltar, el perdonar...Dejar a un lado esos odios o broncas reprimidas , esa necesidad de vengarse, de estar enojados y sentir mucho dolor por las cosas que "nos hicieron"...
Muchas personas creen que han perdonado, que pasó hace mucho tiempo y piensan que ya no les afecta, pero ello sólo se produce desde el consciente, desde la mente, desde los pensamientos que creemos que ya están elaborados y sanados.
El problema se presenta cuando es un tema del alma. Detrás de las corazas y muros que levantamos para no sentir, para pretender olvidar, están nuestros dolores internos, nuestra carga que portamos por años y sólo aparecen cuando alguna situación nos descoloca, o en momentos de estrés.
Así sentimos esa herida interna que sigue estando a pesar de que creíamos que ya no nos afectaba. Esos son los dolores y angustias retenidas para no sufrir, un mecanismo de defensa que nos permite levantar murallas y contenerlos pensando que así no las sentiremos, pensando que de esa manera las hacemos desaparecer.
Pero a veces , sentimos como una explosión interna , como un volcán que libera su lava incandescente,que destruye todo mientras va pasando.
Poder sanar las heridas del alma produce una enorme paz, sabiendo que no serán olvidadas, pero la carga emocional que nos afectaba desaparece, la hemos soltado. Es maravilloso darse ese permiso... entrar despaciosamente por ese laberinto de los recuerdos dolorosos para ir sacándolos uno por uno y alivianarse.
Desde ese momento miramos de otro modo, sentimos de otro modo, y estaremos mas serenos , creceremos en consciencia, y sanaremos definitivamente nuestra alma.
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